El problema es que no soy más original que un azulejo roto.
Podría haber sido bello, o brillante: ahora los trozos
resultantes cortan y, al pasar el dedo por sus bordes, solo se puede palpar arenisca.
«Pero» me digo «con esos azulejos rotos, tesela a tesela, se
crearon algunas de las obras de arte más hermosas».
Las mías no son todas las teselas necesarias, pero espero que
contribuyan.
