La curiosidad no lo mató, sino que convirtió al gato en una estatua de sal que ahora decora mi salón; una alternativa a la moqueta color visón que impide la visión de una soledad mucho menos coqueta. El sisón que se posaba siempre en mi jardín dejó ya de hacerlo hace muchos días; por fin fui consciente de que la maqueta que tiempo atrás construí para vivir no se había quedado más que en eso: un sueño sin peso, un recuerdo al que no acompañaba ni un sólo beso.
Mis lágrimas no caen sobre el vacío, disolución salada, un charco bajo mis pies y ya dejo de estar acompañada.
(Postcards from the edge; Guinevere Van Seenus by Tom Craig. Vogue UK November 2008)