2 feb 2013

No tenía nada, sólo la sensación de no merecérselo, de no apreciarlo en todo su esplendor. Había luchado, sí; pero no lo suficiente: nunca lo había intentado de verdad, ni había dicho nada con total honestidad, siempre quedaba ese matiz, esa pequeña aguja, ese ínfimo detalle que lo cambiaba todo pero nunca cambiaría nada. Mañana sería otro día, se repetía a sí misma a modo de consuelo, sabiendo perfectamente que no sería más que otro día igual al anterior por muchos buenos propósitos que tuviera. Un amor, un objetivo vital. Ver el cielo azul y tener el valor de salir a pasear en libertad, sintiendo el frío en sus mejillas o el sol en su piel, desbloqueando nuevas partes del mundo a cada paso y abriendo sus ojos a la vida. Pero no tenía nada, ni siquiera eso. Un cuerpo que no le pertenecía en un mundo que deseaba tener.


(Scott French Careless Whispers)