16 mar 2013


Cuando esa mañana temprano se le resbaló la caja llena de poliespán de las manos, dejando la acera cubiera de un manto granulado en blanco, no se molestó más que por la incomodidad de volver a poner la caja en su sitio, asegurándose de que su contenido permaneciera intacto.

Tampoco es que ello incomodara a la gente que durante ese día pisó sus pequeños átomos; nadie se fijó. Otro elemento del paisaje de una calle cualquiera, susceptible al olvido.

¿Es algo bello cuando nadie repara en su belleza?

El niño en su carrito se quedó embelesado con el efecto que las tenues corrientes de aire ejercían sobre el material, creando minúsculos tornados de trocitos blancos, acunados sobre la nada, dejándose llevar sin llegar a ningún lado. El sol brillaba y lo hacía resplandecer.

Su madre no le permitió levantarse y dejarse envolver por su encanto. Pasaron de largo, y él se durmió camino del colegio.