Échale demasiado azúcar a la vida, conviértela en una masa espesa y empalagosa que nadie quiera siquiera saborear. Pásate con la sal, la canela y el ajo; que se te quite el hambre sin haberte saciado, un suicidio anticipado, un volver a cerrar los ojos tras un errático despertar con las legañas aún en la mirada.
