«No tenía nada.
Sólo la sensación de acabar de nacer,
de no haber aprendido,
como una cinta virgen.
No tenía amigos,
aunque conocía muchas caras,
voces
y hasta conocía algunos cuerpos.
Pensaba en la cantidad de años que llevaba vividos y en lo poco que merecía la pena recordarlos.
Sólo algunos momentos se habían hecho imborrables».
Sólo la sensación de acabar de nacer,
de no haber aprendido,
como una cinta virgen.
No tenía amigos,
aunque conocía muchas caras,
voces
y hasta conocía algunos cuerpos.
Pensaba en la cantidad de años que llevaba vividos y en lo poco que merecía la pena recordarlos.
Sólo algunos momentos se habían hecho imborrables».
Paula Izquierdo - La vida sin secreto
