Inefables tus miradas, tu sonrisa y esa melodía que escucho en mi cabeza cada vez que en mi mente se reproduce tu embriagadora risa. Perenne la huella del olor de tu colonia en mis sábanas, por mucho que el tiempo pase y los cuerpos se sucedan, sin cesar, uno tras otro, siempre cada cuatro noches. Inopia en la que me encuentro, sumergida en un mar de recuerdos. El bizarro significado de la valentía y efímero el rayo de sol de un febrero inglés.
